Libro: Simientes de Vida Eterna
Carneiro de Campos & Divaldo P. Franco
Los expresivos y alarmantes índices de la neurosis en la Tierra funcionan como un vehemente llamado a nuestro discernimiento, al examen de las causas y sus consecuencias, con mayor vigor del que hasta el momento ha merecido por cada uno de nosotros.
Relegada a los gabinetes especializados y a los hombres, dotados de los conocimientos técnicos del sacerdocio de la medicina, la neurosis viene cobrando, en las mallas de su red infeliz, un número sorprendente de víctimas, avasallando al mundo civilizado y amenazando la estabilidad de la razón.
Sociólogos conjeturan; psicólogos interrogan; teólogos meditan; psiquiatras y psicoanalistas intentan penetrar en sus causas y, no obstante, la metodología de que se sirven para el diagnóstico seguro y el tratamiento eficaz, la ola neurótica, venciendo a incautos y prevenidos, se presenta cada vez más implacable, avasallante y dominadora.
Esto se debe a que, en el problema de la neurosis y sus raíces profundas, se debe considerar, de inmediato, al neurótico en sí mismo, no solo bajo el aspecto de réprobo, sino como un ser vital en el concierto de la comunidad en la que se mueve.
Con una etiología compleja y profunda, esta enfermedad apirética viene mereciendo cuidadosos estudios y debates, a fin de localizar los factores que producen las perturbaciones del sistema nervioso, considerando la falta de lesiones anatómicas más graves.
A pesar de las divergencias académicas, Freud las clasificó en: verdaderas, en las que hay desequilibrios fisiológicos junto a perturbaciones meramente psicológicas, aunque transitorias; y psiconeurosis, que son determinadas por las "fijaciones de la infancia" en regresiones inconscientes. En el primer grupo se sitúan las neurosis de ansiedad, la neurastenia, la hipocondría y las de ascendencia traumática... En la segunda clase aparecen las de orden histérico ansioso, conversivo, los perturbadores estados obsesivos y convulsivos.
En tal complejidad, surgen las neurosis mixtas con un cuadro de manifestación más grave. Influenciando en los fenómenos somáticos, se expresan, no raras veces, con una sintomatología extraña que desvía la atención del médico y del paciente, gracias a la fuerza de los síndromes que, para este último, asumen un carácter real, por ser los "dolores neuróticos" semejantes a los de orden físico. Surgen miedos, parálisis, movimientos inconexos, disturbios múltiples...
Algunos estudiosos del tema se refieren también, de forma taxativa, a los factores genéticos predisponentes; otros se apoyan en las imposiciones de la sociedad, con sus altas cargas de tensión; algunos advierten sobre el tecnicismo desesperanzador; se habla del resultado de las contaminaciones de diversa índole; sin embargo, la casi totalidad se olvida de la problemática espiritual del alienado por la neurosis.
El neurótico es, ante todo, un espíritu prisionero en un ineludible proceso purificador. Reencarnado para resarcir o devuelto a la reencarnación por la necesidad apremiante de olvidar delitos y luego repararlos.
Su psicosfera impone, en los implementos orgánicos, distonías y desarmonías que se reflejarán más tarde en forma de alienación, como consecuencia de su estado interior, como espíritu desajustado. Es obvio que el comportamiento social, las frustraciones infantiles, las inseguridades de la personalidad, las coyunturas de tiempo y lugar, los factores familiares y de hábitat, las constricciones de orden moral y económico engendran, evidentemente, las desarticulaciones neuróticas, porque consiguen limitar las aspiraciones del espíritu débil, que no logra sobreponerse a esas coyunturas para los cometidos normales. Además, en este capítulo, se debe considerar que la neurosis es un campo amplio y variado, teniendo en cuenta la conciencia del problema por parte del paciente y su falta de fuerzas para la superación.
A la par de estos factores, ocurren otros en la esfera psicológica, como la denominada "parasitosis espiritual", que se transforma en un calamitoso proceso obsesivo de largo curso, debido a que la víctima del pasado se convierte en el cobrador del presente, como consecuencia de los delitos perpetrados por el delincuente que no han sido regularizados ante las soberanas Leyes de la Vida.
Los síndromes de la neurosis en el caso que nos ocupa no se exteriorizan, al principio, sino cuando ocurre la dominación obsesiva del hospedero sobre su víctima.
Es indispensable que la mirada vigilante de los religiosos se vuelva hacia aquellos que padecen los primeros signos de distonía, orientándolos al cultivo de las disciplinas austeras y de las virtudes cristianas, con las que se armarán para una liberación eficiente y real; una terapéutica de resultado auspicioso para el reajuste del espíritu en la vida orgánica y su consecuente experiencia psíquica, ante el proceso de auto reparación de los impositivos kármicos.
Las técnicas de análisis y la terapia farmacológica suelen, con frecuencia, favorecer el equilibrio, por un lado, pero al mismo tiempo dañan los tejidos más sutiles de la estructura psicológica, provocando distonías de otra índole que se manifestarán de forma desastrosa en el futuro, en caso de que estos procesos no reciban la contribución espiritualista pertinente.
Por este motivo, se hace necesario que una religión capaz de adentrarse en el núcleo del ser, como ocurre con el Espiritismo, presente recursos preventivos para la gran masa humana aturdida de estos días. Entre tanto, esos conceptos —verdadero compendio de Higiene Mental— ya fueron enseñados por Jesús y están expresados en el "Sermón de la Montaña", ahora ratificados por los textos que recuerdan su existencia entre nosotros, de los cuales dan noticia los sobrevivientes de la tumba y hablan sobre la vida vibrante del más allá...
El neurótico es alguien que se rebela contra sí mismo, insatisfecho en su inconsciente y enfadado con los demás.
Inestable, se vuelve agresivo; desajustado, se permite sucumbir; atónito, se entrega al desorden psíquico; excitado, se deja enajenar por la violencia. Disciplinado, sin embargo, por la moral cristiana, adquiere recursos para el autocontrol que funcionará en su aparato nervioso con herramientas que bloquean las reacciones del inconsciente, remanentes de vidas pasadas, impidiendo que aquellas reacciones desorganicen las funciones conscientes que lo arrojan al abismo de la neurosis. El respeto al deber, el culto al trabajo, la edificación por el pensamiento y el ejercicio de acciones ennoblecedoras producen en el hombre una saludable metodología de vida, que le impide caer, que lo levanta de la caída y que lo sostiene en la caminata.
El espiritismo tiene reservada una misión significativa: promover una revolución social superior en la Tierra, modificando los conceptos actuales sobre el hombre –un espíritu eterno en un viaje evolutivo– dejando claro que, en el fondo de cada problema que afecta al individuo, sus raíces se encuentran en el pasado espiritual del ser mismo, lo cual remite al ministerio de la reeducación, de la ascensión, de la dignidad a través del esfuerzo personal que lo capacita para la paz y la plenitud.
Concientizar, responsabilizar e iluminar la mente humana: he aquí cómo presentarse como un método eficiente para estancar la avasalladora onda de neurosis actual que, al encontrar a la criatura humana vacía de reservas morales, cada vez se torna peor, transformando la vida moderna en un pandemónium y al hombre, consecuentemente, en un siervo del desequilibrio dominador y desdichado.